Más de mil inmigrantes muertos entre Mauritania y Canarias

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Los sueños se interrumpen con hambre y con fatiga imperiosa, idéntica a la de ayer y a la de anteayer. Sólo hay polvo en la choza. Ni rastro de humedad ni de pájaros. La fiebre no trae milagros ni gracia, descarga su presencia sólida, enferma y oscura.  Luego, sentados junto al mar, parecen un cortejo de muertos fugitivos y tristes, ahogados aun antes de caer al agua, transparentes cuerpos juveniles que desafían a la vida y creen rozar la luz con la punta de los dedos. La cola de una sirena hace su viejo trabajo con implacable certeza. Abraza a los nómadas con el veneno del fondo del océano y les nombra reyes y reinas de su imperio descolorido de piedras diminutas.

20/03/2006 22:30. Autor: antoniorial. Enlace permanente.

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Autor: Sara

A los pobres no les dejan ni vivir ni morir en paz.

Fecha: 20/03/2006 23:54.


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