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Los alumnos españoles suspenden en el informe PISA de educación
De nada valen los maquillajes ni los afeites. Es inútil desviar la mirada y no ver a esos miles de jóvenes vencidos por el vacío. La complejidad ha sido ahuyentada por la simplicidad apagada, frágil, indiferente, muerta como un perro. No se comprenden las palabras intencionadas, la gramática crecida, la lectura guiada y lenta, cuajada por el aire blando. Ahora todo es levedad y risa, una prisión sin intimidad ni conquistas. Se nace y se crece en una cuna y a nadie importa alcanzar la madurez tranquila de la vida. Nadie protesta ni se asusta ni vigila este ruido interminable de voces electrónicas. No está de moda recitar ni los textos en edición de lujo. Y sin embargo, aún sigue aliviando la conversación inteligente que se enriquece y triunfa, el silencio de una cabeza que inventa. El Estado adelantará la pensión si el progenitor no la paga
Es un hideputa el que abandona a sus hijos. La memoria latente castigará cada noche su entresueño con una condena de inviernos helados, de horribles galerías degradadas; con la tortura insomne en la que se imaginará reptando eternamente por un pasadizo estrecho. Resultan insoportables los mediohombres quejumbrosos que mascullan excusas mordiendóse el labio. En la corriente del río jugarán los dioses nimbados que abandonó, los niños intocables a los que castigó con su huida babosa. Son numerosos estos eternos adolescentes incapaces de gobernarse. Van dejando su largo rastro golfo, sus locuaces banalidades, sus funerales húmedos que otros pagan luego a precio alto. El sexo y el chocolate estimulan el cerebro
Casi cualquier cosa es capaz de desatar al animal que yace extendido y soñoliento: un fragmento de piel, un sombrero, un amanecer de cimas blancas, una lámpara que se enciende en la hora más oscura. El enigma del cerebro nos deja desvalidos a merced de los ojos roídos por la manzana. Nos recogemos por vergüenza y pudor cuando el deseo restalla como una pieza de metalurgia. Portamos sobre nuestros hombros un misterio capaz de interesarse por asuntos y objetos absurdos, por los oscuros racimos que ofrece la tierra. No hay decoro en el encéfalo y cada uno de nosotros palidece un poco cuando notamos cómo al nuestro se le aflojan las tuercas. Un hombre mata en Canadá a su hija que se negaba a usar el velo islámico
La miseria y la ignorancia arrasan vidas. Millones de mujeres calladas esperan con desaliento el final de la pesadilla, acunan las miserias de sus antepasados obligadas a tormentos de siglos, a silencios enérgicos, a respetos sagrados que sólo esconden un aire espeso y fuerte. Mueren sólo por pensar que otra estación es posible, un tiempo menos árido en el que aguarde el roce de cuerpos musicales, un campo nutrido de hierba fresca, una edad florida de gozo y gracia. Aún me extrañan estas heridas de hombres que no toleran la sal del mundo.Los ecólogos recomiendan que las ciudades crezcan a lo alto y no en extensión
Los expertos al fin han abolido el viejo sueño de los pequeños burgueses y proclaman que la casita con jardín asesina a la naturaleza. Durante demasiado tiempo jugamos a ser América del Norte haciendo crecer procesiones de ladrillos en las seis direcciones del espacio. El escenario es ya demasiado feo y demasiado insostenible: círculos oscuros de hormigón que rodean a otros círculos. Dante soñando con Beatriz burla la prudencia y agota los recursos con su atroz imaginación de carreteras que asfixian a otras carreteras. Nueva York es ahora el paradigma y se exigen ciudades altas, excelentemente comunicadas con transporte público. Dejemos en paz a las plantas del extraradio, nuestro destino es el metal de los ascensores, hacer sombra sobre los árboles que aún sobrevivan.Navidad

Vienen muy temprano los niños alegres,
los hombres que tiemblan
los vasos que sueñan labios
¡Despierta, despierta!
que ya está aquí
la diminuta cifra de penas pendientes
los invitados que llegan y se van
reconociendo miserias,
repartiendo portones
y voces cristalizadas.
La noche amaestrada extraña
los corazones encendidos
las gotas quietas de antaño
los dolores antiguos
los pájaros errantes
Año Nuevo
Los años llegan cada vez más menguados y romos, prisioneros y soñolientos, insípidos y breves. La memoria trae una infancia de aljibes, de noches minuciosas y jardines imaginados, de universos libres y lentos todavía posibles. La aurora se labra despojada de cuentos, escrita de antemano con el rigor de un funcionario de banco. Alguien se llevó los libros mágicos, las liturgias sin índices ni señales y dejó en la frontera del tiempo un barrote vertical que activa la maquinaria del mundo conocido, ordenado, previsible. Acaso crecer es corroborar el ocaso.

